Tengo dos amigas que son mellizas, y se podría decir que tienen un aire, pero si no te lo dicen, nunca sabrías que son hermanas.

Janire y Lucía son las dos altas y delgadas, Janire tiene tres veces más delantera que Lucía, la gente del grupo se ríe mucho de Lucía porque es casi plana. Chistes como: – Sin tetas no hay paraíso. – Lucía no tiene paraíso. Se escuchan casi a diario. Janire es castaña clara y Lucía tira más a oscura, casi morena. Janire es más hija de su madre y Lucía de su padre. Esta última tiene los ojos enormes, verdes, con unas pestañas largas que aletea cuando se siente alagada.

Si en físico no se parecen demasiado, en forma de ser, aún menos. Lucía es muy orgullosa, también es muy pija. Yo siempre me río de ella. A Lucía no le importa, ella es como es, y ahí acaba la historia. Puede que no tenga un cuerpo 10, pero desde luego si alguna de las dos fuera a ser modelo, sería Lucía. Janire, en cambio, aunque es la más inteligente de las dos y éso tendría que hacerla sentir más confiada, se siente más acomplejada por su cuerpo. Ella heredó la prominente gran nariz de su madre, y aunque tienen la misma boca, precisamente a Janire es lo que menos le gusta de ella y lo que más le gusta de su melliza. Para que Janire tuviera la cara equilibrada, habría necesitado labios gordos. Lucía lleva el pelo largo, larguísimo, a la altura de la cintura y siempre se lo está tiñendo. De rubio a pelirrojo y de pelirrojo a rubio, rara vez lo lleva de su color natural. Janire lo lleva en melenita y con flequillo. Una vez, lo recuerdo perfectamente, cuando acababan de empezar el colegio, tendrían 7 años, más o menos, llegaron a clase las dos con el mismo corte de pelo. A todo el mundo le costó saber quién era quién.

Yo soy era la mejor amiga de las dos. Pero aunque Janire y Lucía eran muy buenas amigas, para las dos era yo la guardiana de sus secretos.

Hubo una Semana Santa, en la que me marché con mi novio de vacaciones por Portugal. Lucía y Janire se quedaron sin mejor amiga durante casi tres semanas, y aunque eran un gran grupo, casi unos treinta, pero al parecer, salir de fiesta sin mí no era lo mismo.

Lucía siempre había tenido un algo con un chico del instituto, allá por esas épocas. Nunca se hablaron, pero siempre que se veían por los pasillos ambos se giraban a mirarse y sonreían. Cuando acabó el instituto, no se volvieron a ver. Lucía comenzó a salir con un chico hacia finales de verano, un vecino, el vecino más guapo de todo el bloque, de todo el barrio. Las mellizas seguían viviendo con sus padres, en el barrio junto a Neighbourhood. A cuatro calles de la casa de mis padres, que viven en Neighbourhood. Pero aquella Semana Santa en el que el novio de Lucía se fue de vacaciones con sus amigos, volvió a ver a aquel chico del instituto, Edu. Edu el miradas. Se encontraron de fiesta y se saludaron efusivamente, ¡dos besos que hace mucho que no nos vemos! ¡otros dos besos que hace muchísimo que no nos vemos! Se liaron. Sin que nadie lo supiera. Todo el grupo estuvo atento a sus movimientos, pero nadie les vio liarse. Lucía fue suficientemente astuta como para irse de aquel bar, a otro calle, fuera de aquel pueblo. Edu condujo. Y lo hicieron allí mismo en el coche, casi se arrancaron la ropa.

Lucía no me dijo nada. Y no sospeché.

A partir de ahí Edu y Lucía se hicieron muy buenos amigos, pero ella siguió con su novio. Y no hubo más cuernos. Hicieron un año juntos. Y luego dos. Y aquella nochevieja, cuando llevaban algo más de dos años juntos, fue cuando Neighbourhood decidió hacer la fiesta de nochevieja más grande que se hubiera visto nunca. Lucía sabía que Edu estaría allí, y Janire también lo sabía.

Había visto a su hermana pasar horas al teléfono, horas, quizá noches enteras, se dormía con el murmullo de la voz de Lucía y cuando se despertaba por la mañana ya la oía correteando por la casa, en la cocina, en el pasillo, en el baño. Al teléfono. Y sabía que no era con su novio, porque el tono de voz no era tan meloso, era como si hablara conmigo, pero la conversación era más estúpida, menos importante. Preguntó con quién hablaba tanto y Lucía le contó la historia, un chico del instituto, me llevo muy bien con él, ha roto con su novia de toda la vida y me está contando. Su melliza no le iba a mentir, las mentiras no existían en aquel grupo de amigos, pero Janire también había mirado a Edu por los pasillos, cuando pasaba junto a él, como hacían muchas de las chicas, aunque él no le devolvía la mirada. Había sido más desenvuelta que su hermana, había tenido más éxito, se había liado con más tíos, y aún así, Zapa era la guapa y ella era la fea.

Aquella nochevieja Lucía se pasó la noche conmigo, hablando con la gente y regateando cañas, cubatas y chupitos.

Janire no fue a por Edu, se dijo que fue algo mutuo. Él se acercó a ella a preguntarle por su hermana, Janire le ofreció un trago y otro, y otro más. Lucía y yo no estábamos a la vista. Algunas de las amigas estaban a su alrededor, hablando con gente. Habló con él durante horas, mientras él le pagaba un trago y luego ella se lo pagaba a él. Él se fue al baño un par de veces. La última vez que volvió, parecía decidido. Decidido a besarme, supo Janire. Y así fue. Allí mismo, delante de todo el mundo. Aunque era tan tarde o tan pronto que la plaza quedó casi vacía, y no hubo testigos conocidos que los reconocieran. Se fueron a un portal, uno de los que tienen sofá. Oían gritos de borrachos a lo lejos. Janire se sintió una princesa. Había conseguido a Edu, cosa que su hermana no. Se quedaron en aquel portal un rato, cuando comenzó a salir el sol, subieron a la parte de arriba de aquel sitio, donde estaban las máquinas de los ascensores.

– ¿Tú sabías que hace un par de años me lié con tu melliza? – comentó él.

Janire se sintió herida, no sólo por no ser la primera en haberlo hecho con él, sino porque su hermana no se lo hubiera contado.

A la mañana siguiente me llamó y me lo contó todo.

Yo llamé a Lucía al móvil. Estaba en el coche, con su novio, luego me llamaría.

Cuando llamó, pedí una explicación.

– Es Edu– fue lo primero que dijo Lucía, como si éso explicara todo – Edu el miradas. Además ya estaba con mi novio, no podía divulgarlo, lo habríamos dejado o habríamos tenido la bronca del siglo.

– Janire lo sabe.

– Janire es subnormal. Se pasó toda la noche borracha perdida comiéndole la oreja a Edu, él me llamó mosqueado porque quería que le quitara a mi hermana de encima, pero como estaba con éste, no me iba a ir. Éso le mosqueó aún más y por éso se lió con ella.

– ¿Por pena, dices?

– Se lió con ella porque tenía ganas de echar un polvo y ella estaba delante de él. Lo hizo por hacerme rabiar, lo hizo para que me pusiera celosa. Me llamó varias veces para que fuera a buscar a Janire, al final dejé de cogerle.

– ¿Ella no te ha dicho nada, verdad?

– Ni lo hará.

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