Últimamente tengo la impresión de que la gente compite por ser mejor en la cama. No es sólo la gente que insinúa (o dice) serlo, sino su alrededor cómo los trata. Yo misma formo parte del misterioso complot. Un ejemplo muy sencillo:

– ¿Qué os parece Jon? – persona 1.

– ¿Qué Jon? – persona 2.

– El del bar, el que tiene tres años más – persona 1.

– No sé, es atractivo, no es guapo pero tiene algo – persona 3.

– A mí me parece que tiene un morrrrbo… para meterlo en el baño y follar toda la noche – persona 2.

Si ocurre esta conversación, inevitablemente cuando vean a Jon, 1, 2 y 3 se van a mirar entre sí y se van a reír. No se sabe si Jon folla bien o no, pero Jon ya tiene en ese grupito fama de gran follador, y por lo tanto, ya pasa a ser ente superior en las conversaciones sobre fantasías.

Ahora bien, digamos que el bueno de Jon es quien se hace la publicidad a sí mismo. Vamos a suponer que Jon lleva dos o tres meses sin follar y que ya tiene ganas, y un día, tomando algo, sale el tema sexo. Jon, antes que nadie suelte la pregunta de ‘cuántos lleváis sin follar’, dice el tiempo que lleva y las ganas que tiene. Jamás en mi joven vida he visto a un chico hablar de sexo sin hacer gestos que lo acompañen. Simulan lamer coño, lo acompañan por movimiento de caderas, por saltos que cambian de posiciones sexuales. Está ahí, metido en el ADN o en algún tipo de fibra mágica que jamás será destruida, hacen éso porque quieren que les veamos hacerlo y tener ganas de practicar el acto con ellos. Porque ésto ya pasa de bemoles. Es algo animal que su cuerpo les ordena a hacer, para que sobreviva la especie, cosas de Madre Naturaleza.

¿Entonces, si es algo de la naturaleza qué coño hago yo haciendo una entrada sobre ésto?

Pues porque la mayoría de mi cuadrilla son chicas. Y la impresión de que ‘yo follo mejor que tú’, sigue ahí. Me molesta, sí, porque la idea me parece ridícula. Claro que hay muchísima gente que folla mejor que yo, y habrá otra que peor. Pero jamás lo sabremos porque no tengo ninguna intención de follarme a todo el planeta para comprobarlo (por no meternos en gustos y apetitos).

He llegado a la conclusión que follar es tan necesario (vale, menos pero lo es) como cagar, mear o comer. Y NADIE, NADIE, NADIE dice jamás la frase: yo cago mejor que tú.

Ahí lo dejo.

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