Esta semana he estado de vacaciones con unas amigas.  Hemos dormido todas juntas, en la misma habitación, nos hemos duchado, cambiado de ropa y nos hemos reído de los pijamas. Fuimos tres chicas. Una de ellas acaba de empezar a liarse con un chico, Lucía, la otra lleva toda la vida empalmando novios, Janire. Desde que tiene trece años no ha estado soltera jamás en su vida. Y luego estoy yo. Ya estáis situadas.

Una de las noches, pusimos la calefacción y como hacía calorcito, y Lucía se puso pantalones cortos. Desde el momento en el que Janire vio que no tenía las piernas depiladas (y cuando digo las piernas me refiero únicamente de la rodilla para abajo, porque en la pantorrilla no tiene apenas pelos y las ingles hace años que se las hizo a láser) no tardó ni tres segundos en soltar su frase estrella:

– ¿Cómo puede querer follar contigo si no estás depilada? ¿No te da un poco de asco follar así?

Y se quedó tan tranquila. Como si no fuera porque tengo que controlarme, no le habría soltado un guantazo en toda regla.

No quiero meterme a temas sobre feminismo ni rollos de ésos, sólo quiero comentar la situación del otro día que me dejó perpleja. Claro que Janire puede decir lo que le dé la gana y no lo hacía con mala intención, sino que le sorprende que gente como Lucía no se depilen cada pelo de su cuerpo.

Janire creció siendo una niña peluda. Cuando éramos adolescentes yo recuerdo que Janire tenía tanto pelo, que tenía hasta en los omoplatos. Janire creció en una sociedad en la que tener pelo no sólo es feo, sino que parece ser antihigiénico y a algunas personas les da asco. Y ella se ha comido toda la basura publicitaria que le han vendido y se ha depilado hasta los pelos de las ideas. Es una obsesa. Se quita incluso los pelitos que tiene en los dedos.

Entiendo la forma de ser de Janire. Lo que no entiendo es por qué si yo tengo que entender que ella tenga un problema psicológico, ella no puede entender que no todo el mundo es tan superficial como ella. Le parece imposible que los chicos sean capaces de ver más allá de los pelos que tenemos (o no) en nuestras piernas o ingles.

Que insinúe que Lucía da asco porque no quiere estar depilada todo el año, a mí personalmente me ofende, y aunque ya lo he hablado con ella varias veces y durante todas las vacaciones me he metido con ella por su frase estrella, me ha cansado muchísimo tener que convivir con alguien tan superficial para el físico con ella.

Porque estadísticamente hablando, tanto Lucía como yo hemos estado con más chicos sin depilar que depiladas y ninguno nos ha dicho jamás que no. Pero esa es la diferencia entre nosotras, que Lucía y yo aceptamos nuestros cuerpos, y Janire lo hace para agradar.

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