Hay un secreto, con el que vivo desde hace un tiempo. Lo sabe la gente sin saberlo del todo, le quito importancia con la mano, no miro cuando sé que me miran. Nadie me pregunta, porque nadie se lo imagina. Pero yo lo sé, lo sé y me obsesiona la idea. Lo pienso racionalmente, le doy una forma, un sentido a la idea, la escondo, la guardo. La pierdo. La olvido.

Y siempre vuelve.

La idea de que me atraiga otra persona no me asusta. Me atrae mucha gente, hombres y mujeres. Me atraen muchas veces, varias veces al día. Miro los labios de la gente, me los imagino en la cama, arqueando la espalda, gimiendo bajo las sábanas. (Tengo la manía de imaginar a toda la gente de mi alrededor follando, siempre que conozco a una persona nueva, la imagen me viene a la cabeza). Pero esta vez es distinto. Esta vez…

Va por fases, cuanto más le veo, más pienso en él. Si no le veo, no pienso en él. No tiene rostro, ni gestos, ni forma de hablar. No quiero otorgarle personalidad. Ni siquiera pienso en ella. Pero cuando quiero, y me concentro sólo un poco, imagino con mucha facilidad su sonrisa torcida, sus ojos negros y su forma de mirarme sin decir nada.

Él lo sabe todo. Es la única persona que lo sabe todo. Los dos sabemos lo que hay. Lo sabemos desde hace un año, cuando hablamos durante horas y sin decirnos nada, nos dijimos todo con los silencios que no ocupamos.

Y ha vuelto a ocurrir, hemos vuelto hablar. Intento no mirarle, de verdad que lo intento. Pero tengo hambre de buscarle, de ver cómo me mira. ¿Puede que sólo sea vanidad? ¿Puede que sólo seamos un juguete? Pero Carlos Salazar era un juguete. Era un juguete y yo era un juguete. Esto es algo más.

Ahora, los dos sabemos que nada va a pasar. Los dos sabemos que de no estar Mike, habría algo. Nos iríamos juntos. Y hablaríamos durante horas. Me escucharía hablar sobre cosas que al resto de la gente no le interesa, le gusta que hable sobre cosas que nadie más quiere oír de unos labios que han rozado demasiadas veces un vaso.

Sé que no va a pasar nada. Él también lo sabe. Es casi una pérdida de tiempo hablar tantas horas. Casi, pero no deja de serlo. Y yo no se lo puedo decir a nadie más que a él. No le puedo decir a nadie más que a él que me intriga, me intimida, me siento niña, me siento interesante, diferente, me hace sentir inquieta, me hace dudar de lo que voy a decir, me hace hablar con pasión…

Es normal sentirse atraida por varias personas. Es normal, teniendo en cuenta que viviendo en la sociedad en la que vivimos, sólo se aceptan parejas. Dos personas. Las relaciones abiertas son escasas, son invenciones de un loco. Una amiga mía vivía con una chica que tenía una relación con dos personas. Eran un trío. Ninguna otra persona me ha hablado de nadie más que conociera. Hay culturas en las que es normal que una persona tenga varios amantes. Y la nuestra no es una de ellas.

Quiero a Mike con locura, como a nadie. Pero lo que venía hoy a decir, es que a pesar de querer a alguien, hay otras personas que se deslizan por debajo de la piel, sin avisar, y de repente están ahí, y no se van a ningún lado, y aunque nada vaya a ir a ningún lado. Nuestra mirada siempre está ahí. Sin hablar. Contándolo con silencios.

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