Hace tiempo solía leer un blog llamado Armarios de papel. Ahora ya apenas leo porque la chica que escribía en él lo tiene olvidadísimo. Pero la primera entrada a la que llegué fue ésta.

“No puedo con las mujeres heterosexuales “inflexibles” de mente. NO PUEDO. ¿Tanto les cuesta comprender que las lesbianas podemos tener sexo igual de bueno (incluso mejor, diría yo) que ellas con un hombre?

Os cuento: Hace unos días mis compañeras de piso vieron un “cacharrito” que tengo para uso tanto personal como compartido con “G”. Su único comentario: “donde esté una de verdad, que se quite lo demás…” Lógicamente, me encendí. un poco y salté. Les dije que da igual que sea una de verdad que un aparato, cuando ambos cumplen la misma función: dar placer en el punto G (incluso el cacharro llega mejor porque lo “diriges” tú hacia donde deseas) Además argumenté que para una mujer lo más importante a la hora de alcanzar el orgasmo es la estimulación del clítoris, y con un rabo difícilmente vas a estar frota que frota hasta correrte. Y otra cosa más: a la hora de las relaciones sexuales no sólo cuentan las zonas erógenas, sino la persona con la que tengas la relación, por lo que usando un cacharro puedes ponerte igual de cachonda si la persona que te está dando placer es justo aquella que quieres y te atrae físicamente.

Tras todo esto, me dijeron que no sabía lo que era porque “no lo había probado” (nunca me he acostado con un hombre). Ajá… ¿han probado ella acostarse con una mujer? Yo no me he acostado con ningún tío para saber que me gusta tener sexo con una mujer, al igual que ellas no han tenido sexo lésbico para saber que quieren tenerlo con hombres.

Pues nada. Ningún argumento sirve para una mente cerrada. Y es que para la mayoría de heterosexuales, “follar” equivale a “polla entra en coño”. Cosa que a mí, sinceramente, me resbala, porque prefiero polvos de varias horas y múltiples orgasmos a polvos de 10 minutos que encima me dejen a medias (porque los tíos normalmente cuando eyaculan, poquito hacen por estimular a la mujer… y esa es otra, a esperarse media hora hasta que se le quiera levantar de nuevo) Mi novia me puede dar más de lo que cualquier hombre me daría nunca.”

Mi amiga Lucía, la que me comunicó en Navidades que tenía novia, se ha estado informando muchísimo, viendo documentales, leyendo todo tipo de artículos y opiniones que pululan por Internet en contra de la homosexualidad. No sé si hace poco se ha dado cuenta de que le gustan las chicas, si es bi o cómo va el asunto. Pero para que tenga que prepararse para una guerra, dice mucho de cómo ve ella la situación.

Tiene pareja y ahora se ha tenido que comprar una armadura enorme para protegerse por toda la mierda que le va a caer encima. Es una persona bastante sarcástica y cuando su madre le dijo, “Yo no entiendo cómo puedes salir con una chica” ella contestó “Y yo no entiendo cómo sigues viuda después de más de diez años, pero aquí estamos”.

Empezando por el sexo y los comentarios que dicen que sin polla no hay buen orgasmo y pasando por que una relación con una mujer no te puede dar lo mismo que la de un hombre y terminando por que la homosexualidad es una enfermedad. No me había dado cuenta hasta ahora lo que tiene que luchar una persona porque lo que para a sus ojos es normal, a ojos del resto es algo tan raro, que aunque no lo hagan adrede sueltan perlas como las que describe la chica del blog Armarios de papel.

Pensemos un poquito antes de hablar, que nos va a venir bien a todos. (Y por mucho que yo hable y juzgue, soy, desgraciadamente, la primera a la que se le meten moscas en la boca cuando digo lo que no hay que decir en el momento menos apropiado. De hecho, eso es algo muy típico de mi vida).

Y ya me callo y os dejo comentar.

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