El otro día estaba leyendo una novela ilustrada, Billy Brouillard y el don de la vista confusa, y encontré un dibujo en el que Billy, un niño de siete años, se explica cómo nació su hermana.

Según el libro, las madres se toman unas semillitas muy ácidas que deben evitar vomitar, pero que generalmente expulsan porque son malas, y ya cuando consiguen ingerirlas, es cuando llegan las hermanas pequeñas.

Y fue al leer éso que recordé cómo me imaginaba yo las mamás se quedaban embarazadas. Para empezar, me lo imaginaba como algo dolorosísimo, y estaba segura que yo jamás querría que me metieran ningún tipo de semilla. Me imaginaba algo grande como una pipa, puede que un poco más grande, y que se metía por el ombligo o por el culo. Un dolor terrible e incómodo.

Me imaginaba a mis padres en el baño, mi padre con un puñado de pipas intentando meterlas en el ombligo de mi madre.

No tardé mucho en aprender, que quedarse embarazada no tiene nada que ver con pipas ni con forzar nada dentro de un cuerpo (generalmente), pero me pareció curioso compartir la anécdota de cómo veía yo la fecundación cuando era una muchachita de unos cuatro años.

¿Y vosotras cómo lo imaginabais?

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