Y entré en pánico. Todas esas veces que me había regodeado de ser la chica que siempre se corre, que siempre, siempre, siempre lo hace… y no poder. Por no poder no era ni capaz de disfrutar, lo que ocurría era un simple mete saca que no podía ni controlar, ni disfrutar ni dejar de intentarlo.

Porque por otro lado estaba el pobre Mike, que lo intentaba pero sabía que allí algo raro estaba ocurriendo, y pensaba que era su culpa. Los hombres siempre piensan que es su culpa, generalmente es la mujer, (HE DICHO GENERALMENTE) es la que es dueña y señora de sus orgasmos. Si ella no sabe conseguirlos, ya puede él hacer misa que no conseguirá nada.

Así que aquél martes me frustré. Y me rayé lo que no está escrito. ¿De verdad que llega un punto en el que se te acaban los orgasmos? Pensé en Samantha, en ese capítulo de Sexo en Nueva York en el que por mucho que folle, no siente nada. ¿Iba a dejar de sentir yo también por completo? ¿Y qué sería de mi relación si yo ya era incapaz de disfrutar como antes?

Llegó el miércoles. Hoy se vuelve a intentar. Igual. Le digo a Mike que mejor, que ya me siento más cómoda, que no me voy a correr pero que estoy gozando. Mi cara de póker debe de ser una mierda porque el tipo no se cree ni una sola palabra.

De la nada recuerdo el final del capítulo de la serie, Samantha llora, y sus orgasmos vuelven. Así que pensé en todas las cosas que me ponen triste y cuando me siento una mierda y sola y vacía y lloré, tuve que forzarme un poco, y Mike intentó ayudar pero sólo me hizo reír, pero lloré.

Ya está, ahora tiene que funcionar.

No funcionó.

Pero yo sabía que lo tenía que conseguir. Mis orgasmos son míos, son necesarios para motivarme a follar, son buenos para todo, la piel, la salud mental y poder vivir menos amargada. Mis orgasmos era algo digno por lo que luchar, así que tuve que utilizar todo mi poder mental en visualizar cosas que me excitaran más… y lo conseguí. No fue un orgasmo brutal, ni uno corto ni simple, fue como cualquier otro, pero lo maravilloso fue alcanzarlo. Habíam vuelto a mí, o por ende yo a ellos.

¿Por qué pudo pasar? Porque estaba cerca de la regla, y éso ya crea un malestar estupendo, porque estaba en una casa nueva que jamás antes había estado y por lo visto, no estaba del todo cómoda… Supongo también que el cansancio y saber que si no hacía nada por cambiarlo, suponían un bloqueo serio y no sería capaz de salir de ese bache.

¿Estoy haciendo una montaña de un grano de arena? Sí, seguramente.

¿Lo haríais vosotras? Sí, seguramente.

¿Os ha pasado alguna vez?

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