Una de mis autoras preferidas, Marian Keyes, una ex-alcohólica irlandesa que vive en Dublín junto a su marido inglés, y que ha escrito muchísimos libros sobre un futuro feminista y feliz, también ha publicado dos libros ‘Under the Covers’ y ‘Further Under the Covers’ en el que comenta que hay tres tipos de mujeres.
Están las mujeres que aman los bolsos, que se compran bolsos cuando están tristes, o cuando necesitan consolarse por lo que sea, o para celebrar algo. Muchas de mis amigas con mujeres bolsos, una de ellas creo que tiene unos 40 bolsos. Yo tengo cuatro, y cuando veo que se me va a joder, le pego un par de parches y a tirar pa’lante. Me aburre ir en busca de bolsos, no es para nada lo mío.

También están las mujeres que necesitan zapatos. Carrie Bradshaw sería una de ellas, y no sé si habéis visto las pelis de Sexo en Nueva York, pero tiene un armario entero lleno de zapatos, o la película de En sus zapatos, donde actúa Tony Collette, y es una obsesiva de los zapatos, zapatos que compra pero que nunca utiliza. Yo tampoco soy de este grupo, me compro los zapatos por necesidad, y los uso hasta que me entran agua por la suela, entonces pego silicona y hasta que me da vergüenza sacarlos a la calle. Sí, soy poco consumista.

 Y por último están las chicas de ropa interior. No creo ser la reina de este apartado, pero si no voy la princesa, soy una de sus duquesas o baronesas. Me encanta comprar sujetadores, no soy tanto de braguitas, soy fan de comprar sujetadores. Y ya veis, que de las tres opciones, esta es la más engorrosa, quítate el jersey, quítate la camiseta, desabróchate el sujetador y ponte el que te estás provando. Pero es que la ropa interior… oh… la ropa interior es mágica. Depende de la ropa interior que lleve estoy más o menos segura de mí misma, si llevo algo con bordados, o si llevo un sujetador infantil con un dibujo de la pantera rosa en una esquina… Cuando cumplí 18 años, mis amigas me regalaron ropa interior que era más bien para que me quitaran. En aquella época estaba liada con un tío y me lo puse en la primera ocasión que me quedé sola en casa. El tío al final se mosqueó porque no hacía otra cosa que mirarme al espejo y comentar lo bien que me sentaba el sujetador. Acabó arrancándomelo y empujándome a la cama, lejos del espejo. Cuando estoy muy triste me voy a comprar sujetadores, cuando llevo más de dos o tres meses sin comprarme sujetadores comienzo a sentir un vacío en el cajón de mi ropa interior. De hecho dentro de poco tendré que ir a comprarme algo, que hace bastante que no añado algo a mi colección. Además cada sujetador representa algo diferente, recuerdo cuándo compré cada uno y porqué razón, si fue por necesidad o por pena psicológica, recuerdo qué chico me quitó qué sujetador por primera vez y también recuerdo con pena haber tirado algunos de ellos para hacer trapos porque ya no podían sobrevivir ni un asalto más. Soy sin duda alguna, chica de ropa interior.
Claro que las clases pueden convinarse, pueden haber una loca de los bolsos que adora comprar zapatos, o alguien que adora los zapatos y los tangas… Ah… qué bonito es ser mujer para estar mierdas, ¡los hombres jamás llegarán a entendernos!
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