Dicen que todos en el fondo somos bisexuales, y yo creo, o quiero creer, que es verdad. Está la escala del bueno de Kinsey, Liam Neeson protagonizó una película de este tipo llamada así en el 2004, que indica cómo de homosexual y heterosexual se puede definir la gente. Yo, por desgracia, o por alegría soy del grupo 1: heterosexual del primer grado con contactor sexuales esporádicos. Nunca me he acostado con una chica, sí que he besado a chicas… pero ha sido más por juegos o curiosidad, nunca he ligado con una chica, me ha besado y he querido más.
Pero teniendo en cuenta que la razón por la que abrí este blog se llama Belle de Jour, he leído sus libros, y aunque ella sólo quieres relaciones estables con hombres, no le importa follarse a cualquiera que sea follable. Y me lo planteé. Una mujer sabría exactamente dónde y cuándo tocarme, sabría qué hacer y cuándo dejar de hacerlo. Una mujer son todo ventajas… salvo porque son mujeres. Las mujeres somos preciosas, con nuestras curvas redondas, nuestras líneas infinitas, los maternales senos, los muslos… pero somos preciosas para el arte, podría escribir un poema sobre el cuerpo de una mujer, pero no me pondría. En cambio si hablamos de los hombros de un hombre, de sus brazos, de sus culos respingones, de sus penes, tan monísimos cuando están deshinflados y tan potentes cuando están cachondos. Joder el olor de un hombre me haría saltarle encima, me haría arrancarle la ropa y morderle el cuello. Pero he dicho el olor, es el olor yo creo, lo que te hace que te sientas atraído por un sexo u otro. Por supuestísimo que hay un 99.9% de oportunidades de que me equivoque… pero en mi caso, y seguro que en el de más de una, el olor es lo que me hace lamer su clavícula aunque esté bañada en sudor. Y por desgracia me repugna la idea de meter la lengua en una vagina. Me gustaría que me gustara, y todo es probar, pero imaginarme con la cabeza ahí, casi que hago un gesto hacia atrás de sólo pensarlo.

Pero he tenido mis momentos, como muchas de vosotras, como casi todas supongo, de notar una vibración con mujeres. La primera vez creo que tendría unos 19 años y una amiga de clase me había presentado a otra amiga suya. Una chica grande, con unas caderas enooormes, y unas tetas enooormes y un culo enooorme, y la tipa era genial. Era ese tipo de personas que quieres ser cuando eres mayor, tan segura de si misma, de su cuerpo y de todo. Y yo que por aquella época consideraba mi talla 100B como algo fuera de lo común, lo mío parecían uvitas comparado con aquellos pechos. Ansiaba ser como ella, tener esa seguridad en sí misma… fuimos las dos juntas al baño y entramos en el mismo cubículo. Y al salir la miré y pensé en besarla. El pensamiento me pareció absurdo porque ella tenía novio y habría estado totalmente fuera de lugar. Pero fue la primera vez que tuve un impulso homosexual.
La segunda vez fue en septiembre u octubre, fui a una tienda a comprar tofu y había una señora delante de mí que estuvo contando los céntimos durante cuarenta horas, tiempo que dediqué a mirar a la dependienta. Era más mayor que yo, quizá 27, y estaba rellenita, pero le sentaba genial, tenía algo en la cara que me impedía dejar de mirarla. Y se tuvo que percatar porque la forma en la que miró no era como te mira alguien a quien le estás dando dinero y te están vendiendo un producto, era una mirada felina como calculando su área. No he vuelvo a volver a comprar tofu, no sé muy bien porqué.
La última vez fue en Navidad, cuando salí de fiesta y estuve hablando con una amiga de mi hermana mayor, que nos sacan cinco años, y estuvimos bailando y pensé, joder si fuera lesbiana yo querría liarme con Mar. Mar es… es perfecta. Pero no os imaginéis a una modelo, Mar es castaña y tiene la cara redonda, es mona, pero tiene una cara muy común, tiene caderas anchas y viste como le da la gana, eructa muchísimo, y todo le da igual, pasa de todo y de todos. Tiene unas manos preciosas que no se cuida nada y unos labios marrones que son preciosos. La cosa es que cuando estaba bailando con ella me giré y las dos empezamos a hablar a la vez para decirnos lo mismo:
– Si no me gustaran tanto los penes, me liaría contigo.
Nos dimos un pico para sellar el pacto. Qué rabia que me gusten sólo los hombres, mi hermana me dijo hace un par de meses que Mar le había dicho que si no tuviera novio (el cual está TREMENDÍSIMO) me echaría cuatro polvos. Me llega que la gente diga eso de mí, de verdad que sí. Sobretodo cuando tuvimos un momento tan ‘intimissimi’ las dos a la vez.

Sí, claro que quiero probarlo, quizá mejor en un trío la primera vez para que siga habiendo un olor masculino de por medio, pero por ahora… una mujer, con sus labios vaginales, sus senos y suaves manos… me parece más algo sobre lo que escribir o comparar mi cuerpo que algo que me ponga cachonda. Una verdadera pena.

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