La historia ha sido bastante injusta con los grandes héroes, el punto de vista los ha despreciado, sus logros han caído al olvido y la realidad que quedó de sus vidas fue absorvida por personas que no quisieron elegir decir la verdad. Que poética me he puesto. Lo que a continuación escribiré es para mí y sólo para mí, el resto de las entradas era para haceros pensar, para que supierais lo que yo creo o siento con respecto al sexo. Pero ahora sólo quiero hablar de lo maravilloso que es Carlos Salazar, y lo mala persona que soy yo a su lado.
Ya expliqué cómo nos conocimos, mis dulces 18 años… e intermitentemente nos hemos llamado, hemos quedado, nos hemos despedido, hemos discutido, nos hemos contado penas, hemos paseado, nos hemos reído y lanzado miradas cómplices. Me considero una persona bastante complicada, o quizá sea mi ego, que para darme importancia me complico la vida para parecer interesante, sea como sea, soy una pesada. Y me parece imposible que alguien quiera pasar el resto de su vida conmigo, de hecho siempre que tengo novio me sorprendo cuando no acaban por lanzarme al otro lado de la habitación, por pesada. También soy mala persona, soy retorcida y muy rencorosa, me pico de manera infantil y me paso semanas o meses sin hablar con alguien por tonterías.
Carlos Salazar me trató muy mal cuando nos conocimos, me trató como a una más, como si fuera su pequeña muñeca de trapo que tirar a la basura, y a raiz de eso aprendí. Tardé en aprender, pero memoricé la lección. Una nochevieja nos enfadamos tanto que acabamos gritándonos en medio de la plaza y tuvo que venir su mejor amigo a llevárselo a casa porque o me daba él a mí un puñetazo, o se lo habría dado yo. Pero nadie ha vuelto a mencionar nunca eso, jamás. La culpa fue mía, después de todo, y Carlos Salazar nunca me lo echó en cara.
Me llamó cuando volví de vivir en el extranjero, no quise cogerle, nunca le cojo. Desde hace varios meses me llama todos los fines de semana, a veces me llama dos veces el viernes y otras dos el sábado. Y no le cojo. También es verdad que muchas veces no escucho el móvil, pero no quiero estar con él. No sé porqué, pero no quiero.
Mi abuela se murió un mes antes de una triste Navidad y yo tuve que cancelar mi viaje a París y volver a mi casa, haciendo un desvío a casa 12 horas. Carlos Salazar me habló por el msn, preguntándome cuándo volvería a nuestra dulce ciudad del norte.
– Estoy aquí, ha muerto mi abuela.
– Voy a buscarte.
Le dije que no cien veces. Me quería meter a la cama y llorar, estaba en pijama, estaba triste y no tenía ganas de estar con nadie. Pero vino. Carlos Salazar supo lo que yo quería sin yo habérselo dicho. Vino y me abrazó, me abrazó durante horas, no intentó besarme, ni se pasó de la raya, me escuchó hablar, me dio el pésame y me abrazó mientras yo absorbía su olor. Ahí fue cuando él se convirtió en buena persona, y yo en una zorra.
Sigo sin entender cómo un chico como él está interesado en una criatura tan infantil, caprichosa y saltarina como yo. Quizá juntos formamos un perfecto equilibrio, todo puede ser, los humanos le buscamos explicación a todo, pero generalmente la mayoría de las cosas no la tienen. Cuando más miedo me da nuestra relación es cuando Carlos Salazar me busca para algo más que sexo, porque el sexo lo entiendo, lo domino, sólo es sexo. Cuando estamos en la cama y me da un beso o juega con mis dedos, o cuando me mira y deseo no entender lo que entiendo, es cuando tenemos un problema.
Carlos Salazar me lleva llamando unos tres meses, y yo llevo otro tanto evitando sus llamadas. (Claro que exagero, soy de un pueblo del norte, está en nuestra naturaleza exagerar. Puede que no me llame dos veces cada día, o no todos los findes, pero hay un mínimo que tres fines de semana al mes en los que me llama). No mentiré, yo también le he llamado un par de veces. Echo leña al fuego. Porque a todas nos gusta tener a alguien tan pendiente de nosotras. A todas.
El problema aquí, es que Carlos Salazar lleva con su novia un poco más de un año, y siempre me da miedo llamarle por si ella está a su lado. Sabe quién soy, y si le llamo una vez, pasa, pero si le llamo más de una, ella comenzará a sospechar, y yo no quiero movidas con una novia que no es mía.
Este mes Carlos Salazar y yo quedamos un jueves para tomar unas cañas, nos acabamos liando. Quedamos el viernes para dar una vuelta, y se acabó quedando en mi casa a dormir. Me llamó el domingo para ver cómo me había ido el día, y me echó en cara que no lo llamo nunca. Ayer volvimos a quedar. No podemos pararlo. Insisto que no estamos enamorados, es una atracción fatal, ni contigo ni sin ti. Mi relación ideal sería con chico X y poder seguir liándome cada tres o cuatro meses con él.
Además me llevo muy bien con sus amigos, todos saben quién soy, y de hecho alguno me ha venido directamente diciendo:
– Tú eres la de Carlos, ¿no? Ya sé yo qué rollito os traéis.
Asiento y sonrío. Pues no tienes ni puta idea de qué rollito nos traemos.
Y por mucho que dedique horas de mi vida a explicar mi relación con Carlos Salazar, no acabaré ni yo, ni vosotros, ni él de entenderla. Porque tiene novia, pero se lía mucho conmigo, y yo estoy tentando el terrono con un chico que hace años que me gusta, pero soy incapaz de dejar de liarme con él (y si el chico que me gusta se entera, pensará que realmente no quiero con él y se echará para atrás). Por lo tanto, lo lógico sería volver a evitar sus llamadas y esconder la cabeza entre mis almohadas, pero no lo haré, porque me conozco. Lo que haré será seguir liándome con él, más a escondidas que antes. Lo que haré será dejar de decírselo a mis amigos, por si acaso mifuturonovio se acaba enterando.
Lo haré todo mal, como siempre. Como Carlos Salazar hace todo mal. Somos como un imán, y no veo la forma de separarnos, quizá porque en el fondo ninguno de los dos queremos deshacernos de esta infernalmente deliciosa relación.

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