Tardé casi dos años en darme cuenta que tener orgasmos no era normal. Que las anormales éramos (somos) las mujeres que nos corremos cada vez. (O 99 de las 100 veces). Lo que para mí es gratuito, para otras es lo nunca visto. ¿Correrse? ¿Follando? ¿En la cama con un tío? ¿Y cómo lo haces?
Recuerdo que la primera vez que noté que iba a correrme, no supe qué era esa cosquilleante sensación así que me asusté. Sí, claro ahora os reís, me río yo, porque es absurdo, pero la primera vez, cuando no sabía que se podían tener orgasmos tan gratuitamente ni tantas veces (tampoco soy multiorgásmica – que yo sepa), aquella nueva sensación hizo que la concentración se asustara y mi cuerpo se quedara rígido. No sé cuánto tardé en comprender que aquello que acababa de dejar marchar era mi primer orgasmo (puede que segundos, puede que minutos, puede que días). Desde luego no volví a hacer esa tontería de dejar escapar un orgasmo nunca más.

Mi primer orgasmo follando fue con un amigo que se esmeró (y de hecho lo hizo un logro personal)  que yo me corriera mientras follaba, porque hasta la fecha sólo había podido hacerlo con los preliminares. Cuando acabamos me subí a la cama y me puse a saltar, y me reía y reía, tenía 18 años. Recuerdo que salté a sus brazos (siempre con miedo de derribar al hombre, no sé porqué) y haber gritado: TE VOY A RECOMENDAR A TODAS MIS AMIGAS, LO HARÉ, LO HARÉ, LO HARÉ. La última vez que me acosté con ese chico fue dos años más tarde y fue… un polvo vacío, se corrió tan rápido que no me dio casi tiempo ni a parpadear. Putos penes.
Otros polvos memorables fueron cuando me corrí y cuando él se corrió un minuto más tarde, me volví a correr, nunca ha vuelto a pasar eso – por eso dudo que sea multiorgásmica – pero espero sinceramente que se vuelva a repetir. También recuerdo como brutalmente bestial la vez que Ben decidió gastarme una broma y se llenó la pilla de pimienta, aquella noche había discutido con una amiga y cuando fuimos a la cama, tenía más ganas de follar que de otra cosa, al final le di pena y no me quiso gastar la broma, así que se fue a limpiar al baño. Se limpió con la manos, y se limpió mal. Para cuando pensé que no eran imaginaciones mías y que mi coño estaba realmente en fuego, llevaba por lo menos media hora masturbándome y haciéndome un cunilingus. Fue al baño, pero el agua no ayudó y cuando volví a la cama él no podía parar de follar de la risa, y aunque no pudimos parar durante casi quince minutos de reír, el polvo de después fue… extraordenario. Nada como tener el coño en fuego, la verdad.
Tengo una amiga que tiene un trauma con esto de no correrse, dice que cuando se masturba es mano de santo, ni siquiera tarda más de un par de minutos… pero es incapaz de correrse con un tío. Y creedme cuando os digo que hay chicos que se han empeñado, pero no había manera. ¿Quizá no está relajada? He pensado en eso, pero no me creo que siempre esté estresada. Cuando me fui de Erasmus conocí a una chica que decía que ella muchas veces exageraba pasárselo bien para así disfrutar más, gemía más de lo necesario para poder engañarse a sí misma, me pareció ridículo. Lo probé. Funciona.
Cuando estoy desconcentrada me hago una película porno en la cabeza, enfoco y desenfoco la penetración, actúo, le miro, sonrío ante su cara, porque no sé yo, pero los chicos con los que me acuesto ponen caras con las que se podrían escribir poemas, y no sólo a la hora de correrse, sino en cualquier momento del acto. Me encanta.
Gimo muchísimo, no sé si lo exagero o grito así porque así lo siento, pero soy incapaz de controlarme. Ben solía reírse de mí, yo jadeaba como él y ponía los ojos en blanco. Estábamos en paz.
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